miércoles, 23 de septiembre de 2020

Solo anhelo ver tu reflejo

 Solo anhelo ver tu reflejo

Ahogado en esta botella

Oler en el fondo tu espíritu

El más amargo que he bebido


No te atrevas a esfumarte

Ni a secarte en mi boca

Solo tu rocío necesito

Para olvidarte un solo instante


Si con una copa vinieras,

Podría incluso olvidarte,

Si esta eclipsara tu amargura


Y, si este no fuera el caso

Por tu osadía, mi querida

Te trizaría en mil pedazos

sábado, 19 de septiembre de 2020

La Única Patria

 Amarga esta divinidad de ser chileno a medias, a quebradas aguas de locura y remotos pasajes de vino. Aterrado el llanto reprimido, a fusiles engendrados por el odio y la idiotez profunda. Alabado sea el cielo, el único agudo grito de esperanza quien ha tratado a nuestros seres más brillantes; bendecidos en amor por la palabra desde nuestro tormentoso inicio del tiempo. A torrentes tus ojos, a torrentes tus oídos, acrecentemos y amarrémonos de nuestras virtudes, más etéreas que el tiempo y más sólidas que el espacio, nuestro espacio quien habita desde los albores de la vida, hasta los inclementes fríos de la elevación. Seamos, cual albatros, recorriendo nuestro espacioso tiempo, con aquellas largas alas de gigante que el destino nos ha encomendado.

XVI

 La fortaleza, que escondes

Alrededor de tu figura

Pareciera, entre las nubes,

Un grito de agonía rampante

Profunda es tu vacía mirada

Marchitada por los pesares,

Por las virtudes de olores

Calientes, suaves melodías

A través mío te piensas, bella

Esplendorosa mía, tú orquídea

Tú, el verano escribiste en mí

Y en lamentos, por mi pluma, el

Frío invierno fue escrito en tí

XV

 El rencor bien frío

Al borde de la línea

Piensa, y reflexiona

¿Qué he hecho para merecer

Mi tormentosa existencia

exenta de laureles y de

Miradas con ternura?

Quizás, sea la noche

La que me entregue a ella

Ella que merecía algo más,

Algo más que un corazón plano

Y pestilente, una sonrisa vacía

Y ojos rebosantes de egoísmo

¿Seré yo el egoista sin calma,

Ni esperanza, ni virtud de la 

Que todos hablan y aspiran?


¿Será la noche, el único consuelo

Aplicado a las vértebras rojas

Quienes acarician mis llagas

Más abiertas que su delicado sexo?


Esquiva resulta mi paciencia

Esquirlas de deseo me penetran

Como ninguno y como todos

Tan solo un retrato tuyo me basta

El solo sentir tu perfume desauciado

Me sube con celeridad y vértigo

El hígado hacia la punta de la garganta


Tan solo deseo, este capricho

De desobedecer las normas

Y con esta misma botella de

Delicioso veneno regocijante

Rajar sin tedio tu repugnante retrato

 La extensión la cual cruza la palabra

No comprende mayor valor cerebral

Del vicio redundante en botella.


Acarició el vidrio desgarbado,

Tiránica la espuma rebosante

El néctar para vivir y morir

Seducir y calibrar en el colmo

Sin prisa de aspavientos vulgares

Ni conociemiento del cómo se trae

Atrevido, sin fondo al parar.

Palidez de un Segundo

 Resfrío es lo que me condena

Y el frío, obviamente

es la calma del delgaducho

Pálido como la nieve

Abnegado contra toda certidumbre

Carrea en sus hombros a los gigantes

Su desvelo solo es muestra

Del talento inexplotado

Que nadie desea, ni deseará


En su mente, la rima no existe

Solo el tiempo, y el fluir

Nada más y mucho menos, inclusive

La pausa es la clave

El frenetismo no acompaña

Irónicamente, solo envejece.


El orden y el caos, no es

Lo que lo define, más bien

Es solo el caos, y más caos

Hay grados de caos, más que de grises

Y cuando el caos se define,

Te destruye, ese es el orden.


Primeramente, lo segundo es más

Importante, siempre segundo

En todo segundo, el pálido es

el segundo, de eso no cabe duda.


La Lozanía I

 El frío es aterrador en Octubre

Convaleciente adonde termine

Sea un viernes, sea solo jueves

El verdadero terror pega dentro


Quizás aún, el horizonte macabro

Colgado en destellos de neón

Deba sufrir más o igual que nadie

Mientras no sea de pies, bien está


Congelado, o derretido, da igual

Con tierra en los zapatos gruesos

O con una lluvia dentro de sí


Quién sea conocerá la agora

De toda incandescencia ominosa,

La que trizaría a cualquier mortal.