Años y años pasan de descolorante vida,
la brisa parece estática ya, ni frío trae.
El horizonte hace años que parece el mismo,
aquel, desdibujado y sombrío
ocaso de los amores de antaño
soldados en las nubarrones de hastío
espanto es lo que traen al rememorar el pasado
en aquellos calabozos que nos entrega el cielo
Soldada mía, romana como pocas, aún
cargo con tu recuerdo sobre mis hombros.
cabalgo hacia el infinito del infinito
sostengo tu cabellera de azabache,
tus brazos de serpiente
y tu corajida sangre furiosa de mujer.
Años y años pasan, pero aún tu sombra
recorre por dentro de mis pieles,
aún infectas mis cavidades más profundas
mis sueños efervecen con tu presencia
y solitarios somos nosotros, yo y tú
yo en mi yo , tú en mi yo
a concho, sí, a concho.
solitaria muerte, agachada por tus desginios
debora mis sienes, hasta que logre olvidarte,
desciéndeme a una cuna de pétalos negros,
rompe con todo tu oleaje esta pared de cristal,
a puro fuego negro de espanto, sí, espantoso
sacristán, devuélveme la marea roja del amor,
del dolor, y mi corazón de hierro.
Tan solo me queda la fuerza y la pasión combativa,
el placer de destruir por destruir y por construir,
como bestia salvaje, buscando a su amada recién violada
para devorarla en la incandecencia de la noche de luna roja.
Lucharé por recuperarte, alma mía,
escribiré ríos y ríos de azufre,
pariré la luna, escupiré a las estrellas más lejanas
Socavaré en lo más profundo del hastío, revuelto
en llamas, estiercol y mujeres carbonizadas.
Penetraré en lo más profundo de la lujuría,
perpretaré mil asesinatos si es necesario
para recuperarte en mi cordura, para recuperar los viejos días
en que el corazón palpitaba como fruto del infierno.
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