domingo, 15 de noviembre de 2020

Cuadro sin fondo

Mientras miraba el cuadro de su desconocida

Anclada a las murallas de cemento gris

Cigarro en boca, labios torcidos, mirada pérfida

Aleteo de sus cabellos, relucientes como neón

Bailaba el viento a sus alrededores, la brisa

Torpedeaba una canción, solitaria y bohemia

El calor del ambiente, el frío ruido de los pasos

Y aquella mirada calculadora y profunda

Que no se despegaba, de su objetivo rampante

Soñaba con oler aquella calva, rapiña gentuza

Lloraban sus cabellos por la angustia

Lloraban aquellos pétalos perfumados  de placer

Su soledad era incomparable...

Su suave voz, sus acomplejados tonos,

Su estruendosa mirada lacerante

El hombre quedó impávido, gravitando a su alrededor

Se alcanzaba a ver el goteo de sus lágrimas

Resonando por toda la calle, por todo el barrio

Hasta los cielos lloraron.

La ciudad se oscureció de sueño

Los vendavales aullaban, más no conseguían

Ahuyentar la calma de la habitación desordenada

El falso olor de perfume barato

Las cortinas de mala calidad

Las sábanas faltas de baño

Y la pareja, sola, inmersa en aquel mundo radiante

Una luz blanca cambiaba el tono de los sonidos

Y de su boca, húmeda como el barrio mismo

De aquella desprendían los gemidos de cansancio

De aquel cansancio benigno, el de los guerreros

Al regresar, de la candente batalla.


Los olvidos son claros, precisos. Son sosegados...

Caen en la nada, como las cenizas

De aquel cigarro inmortal, de aquellos cabellos

De aquellas alas, de aquella boca y de esa mirada.

Ni los suaves pechos, ávidos de melancolías,

Ni la dulce cadera blanquecina con olor a pétalos

Nisiquiera, aquellos ojos que esconden universos enteros

Son suficientes

Para evitarlo

El olvido...

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